Ante la crisis: ¿revolución o democracia?

Reynaldo Ceballos Hernández

Analizando nuestra crítica circunstancia nacional, por aquello de  la gobernabilidad tambaleante, la violencia y la inseguridad crecientes, la crisis económica global, el desempleo, los contrastes sociales, la corrupción gubernamental en muchos niveles de la administración publica, el analfabetismo, la marginación de nuestros hermanos indígenas, entre otros males, en reciente reunión de académicos y estudiantes un joven de aguda inteligencia preguntó ¿Llegó la hora de otra revolución? ¿A casi cien años de la revolución mexicana de 1910 ya se agotó su proyecto?

Las preguntas hicieron surgir múltiples respuestas, algunas fuertemente cargadas de ideologías conservadoras, otras con enfoques más críticos y creativos, algunas con matiz rojo vivo. Todo ello permitió un debate poco usual en torno al futuro de nuestro país y sus alternativas.  Mi silencio no pasó desapercibido para otro estudiante y casi al final de la reunión, me arrinconó al cuestionarme ¿Más allá de posiciones teóricas que son importantes para explicarnos la realidad usted que opina profesor ¿Revolución o democracia?

La respuesta la retomo para elaborar este artículo y llenar el espacio generoso que Diario de Xalapa ofrece semana a semana a la Academia Mexicana de la Educación, institución ideológicamente plural de la sociedad civil que me honra al aceptarme como integrante y es la siguiente:

La disyuntiva  planteada “revolución o democracia”  intenta de entrada obtener una respuesta maniquea, es decir una cosa u otra como alternativa para la construcción del futuro nacional  cuando en realidad la complejidad de la cuestión exige un análisis  previo y cuidadoso. Pero yendo al meollo del asunto contesté, revolución armada entendida como  una de  las estrategias  de la modernidad para cambiar gobiernos y sistemas de vida social! No ¡No en este momento! y parece que en muchos años la negativa será siendo pertinente. Parece ser más recomendable el cambio democrático contemplado en la ley, pero, este cambio no se ha dado con efectividad y en lo económico el capitalismo está mostrando sus deficiencias previstas por Marx  desde el siglo XIX.

Me parece evidente que el camino sigue siendo la democracia, pero  es urgente superar las prácticas viciadas supuestamente “democráticas” que no son tales, “hablando en plata” como dicen los campesinos de algunas regiones para nombrar a las cosas por su nombre.

El camino es la democracia con racionalidad y conciencia crítica, sin manipulaciones mediáticas, con transparencia y  legalidad en los procesos electorales, con participación ciudadana militante, con procesos de selección de candidatos en cada partido, con base en la calidad ciudadana y no, a través de presiones y vendimias; entre otras modificaciones necesarias que por fin permitan que, se objetiven mejores niveles de prácticas democráticas, lo que incluye  un magisterio más preparado, más capaz en los asuntos públicos que necesariamente   son   políticos.

En este núcleo  complejo camino que se propone para seguir en la democracia,   uno  de los elementos indispensables es la cultura política, cultura política de calidad para gobernantes, para gobernados, al menos cultura política en lo axiológico es decir en los valores como la honradez y la tolerancia, que esto no requiere posgrados  ni  millones.

Usted  estimado lector, qué opina ¿Revolución o democracia?.